Son las doce…


Son las doce horas, un minuto y quince segundos, y aún no has añadido ningún mensaje nuevo.
Sí que te lo estás pensando. Mucho. Sabes bien que voy en serio. No voy a tener piedad. No. Te tengo contra las cuerdas, al fin, y no vas a poder evitar lo inevitable.
Sonrío satisfecha, imaginándote perdido, desesperado, sin saber cómo salir vivo de esta encerrona.
Me recuesto en la silla, satisfecha, entrelazando mis manos por detrás de la cabeza. Me ha costado mucho, pero ha merecido la pena.
Ríndete. No tienes escapatoria.
Puedo saborear mi victoria y me siento poderosa. Por fin, después de tanto tiempo, te tengo dónde quería.
Me dejo llevar por la impaciencia. Actualizo y, ahí está, un nuevo mensaje, tu mensaje, burlándose de mí: “Torre a H6, jaque mate”
De un manotazo, ruedan por el suelo las pocas piezas que quedaban vivas en mi tablero. Mientras, tus carcajadas retumban en el eco del patio de luces.
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